Primeros pasos
en Getaria
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Cristóbal Balenciaga Eizaguirre nació en Getaria el 21 de enero de 1895, en un humilde domicilio situado en el número diez de la calle Zacayo, hoy llamada Aldamar. Hijo de de José Balenciaga Basurto y Martina Eizaguirre Embil, su padre era marinero y su madre costurera, y ambos trabajaban con ahínco para sacar adelante a su joven familia.
Tras la muerte de José en 1906, Martina hubo de intensificar su trabajo y, a los encargos que realizaba para algunas familias importantes de la zona, entre las que destacaba la de los marqueses de Casa Torres, se sumaron las clases de costura que impartía a las jóvenes de la localidad en su propio domicilio. El joven Cristóbal daría sus primeras puntadas de mano de su madre, antes de establecerse en San Sebastián como aprendiz en una de las mejores sastrerías de la capital guipuzcoana
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Lo que a primera vista se presenta como un entorno poco favorable para la formación de un niño y su introducción en el sofisticado mundo de la alta costura, se revela mucho más complejo e interesante una vez se profundiza en el ambiente que rodeó a Cristóbal Balenciaga en su Getaria natal. Lo cierto es que Cristóbal vivió unas excepcionales circunstancias desde su infancia de la mano de sus padres y de las relaciones que se derivaban de sus respectivos trabajos, teniendo un natural y temprano acceso al refinamiento y a los gustos propios de las clases privilegiadas que marcarían de manera determinante su personalidad y genio creativo.
Gracias a su madre se introdujo en la vida de los marqueses de Casa Torres, una aristocrática familia que veraneaba en su palacete de Getaria llamado Vista Ona y que le abrió los ojos a un mundo totalmente distinto del que compartía con sus amigos y familiares. En Vista Ona se le presentó la oportunidad de admirar su forma de vida, sus gustos artísticos e intelectuales, y lo que era más importante para él, su exclusivo guardarropa. Junto a Martina, tuvo acceso a lo más representativo y exquisito de la moda de fines del siglo XIX y principios del XX, y conoció los cortes, los tejidos y los diseños de los mejores sastres ingleses y modistos parisinos de la época, lo que sin duda constituyó una excelente y temprana introducción al mundo de la moda. Todo ello ocurría en un momento en el que San Sebastián orientaba gran parte de su actividad económica hacia el fomento de un veraneo de élite, que no solo afectaba a la capital, sino también a otras localidades costeras del territorio, entre las que destacaba la villa de Zarautz, a apenas 5 kilómetros de Getaria, y donde se reunían algunas de las familias nobiliarias más destacadas del país. En este proceso desempeñó un papel determinante el llamado veraneo regio, promocionado por la reina regente María Cristina e imitado por la Corte. De sus modos, modas y de los actos en los que participaban tuvo también noticia Cristóbal Balenciaga a través de su padre. Como patrón de la escampavía Guipuzcoana, una pequeña embarcación que realizaba funciones auxiliares para la familia real durante el verano, José Balenciaga trasladaba a los miembros de la familia real y la Corte en sus excursiones y salidas de recreo por el territorio, así como en sus desplazamientos por la bahía de La Concha. Desde su modesta posición, conoció a la reina, y a sus hijas y damas, y pudo trasladar estas experiencias a su hijo más joven. Cristóbal tuvo la oportunidad de verlo con sus propios ojos y de admirar los rígidos, aunque magníficos, atuendos de la reina y de sus damas.
Podríamos decir que la infancia y los primeros años de adolescencia de Cristóbal Balenciaga en Getaria fueron determinantes para la formación personal y orientación profesional del futuro modisto. Hoy se le rinde homenaje allí donde Balenciaga decidió dedicarse al oficio de la costura durante el resto de su vida.
